Leyendas: Beckenbauer

Hablar de un futbolista como Beckenbauer puede llegar a ser lo más fácil, solamente habría que ir poniendo adjetivos uno detrás de otro, cada uno más superlativo que el anterior. Puede ser tan sencillo como su manera de jugar al fútbol.
Franz Beckenbauer nació el once de septiembre de 1945, en Giesing, un pueblecito muy cercano a Munich. Hijo de un empleado de correos al que le apasionaba el fútbol. Fueron su padre y, sobre todo, su abuelo los que le animaron constantemente a practicarlo. En 1954, año en el que Alemania conseguía su primer campeonato mundial, con Fritz Walter como ídolo, el joven Beckenbauer ingresó en las categorías inferiores del Munich 06, pasando a formar parte del Bayern pocos años después. Sus primeros años los pasó jugando de delantero centro, puesto para el que también tenía unas dotes especiales. Se comenta que su abuelo le premiaba con unas monedas cada gol marcado, pero que pronto tuvo que desistir de esta práctica. Demasiado alto para aquella época, su entrenador le empezó a poner como centrocampista.
En 1966, con 21 años, jugó su primer mundial, el de Inglaterra, dejando boquiabiertos a todos los críticos deportivos. Su poderosa llegada, un regate muy efectivo y su disparo, le convirtieron en una de las grandes promesas. Marcó cuatro goles, uno de ellos fantástico, al legendario Lev Yashin, la araña negra. En la final, le situaron como marcador de la figura del equipo inglés, Bobby Charlton, en el que fue un duelo sensacional. Inglaterra venció, en una polémica final.
Y llegamos al mundial de 1970, México. Posiblemente uno de los campeonatos del mundo más recordados y añorados por los amantes del buen fútbol. No en vano, allí estaban jugadores de la talla de Gerson, Rivelino, Rivera, Overath, Bobby Charlton y el mismo Franz. Alemania volvió a enfrentarse a Inglaterra, que perdió por exceso de confianza 3-2. Venció Brasil, pero el partido más recordado sería la semifinal contra Italia que venció a Alemania 4-3. Beckenbauer jugó casi toda la prórroga con el brazo sujetado por una venda, le habían roto la clavícula, y su pundonor quedó demostrado ante las miradas de asombro y admiración del mundo entero.
En aquellos años, los 70, era habitual que cada equipo tuviera un jugador que manejara el equipo dentro del terreno de juego, los llamados cerebros, época de grandes visionarios del fútbol, Netzer, Overath, Van Hanegem, Coluna, Velázquez (Don Manuel) etc. Pues bien, coincidiendo con esta tendencia, Diettmar Cramer, entrenador del Bayern, a consejo de Helmut Schoen, entrenador del equipo nacional alemán, sugirió atrasar la posición de Franz, convirtiéndole en el líbero del equipo. Nadie desde entonces ha podido brillar tanto como él, se podría decir que reinventó la posición de defensa libre, jugando por detrás del central. Ver a Beckenbauer salir con el balón dominado, casi diría que sometido, era una catarsis, el éxtasis. La cabeza alta, los brazos bajados, la zancada poderosa, y de repente, y casi sin ningún esfuerzo, soltarla en un pase largo y ajustado, golpeándola tan suavemente y con tanta precisión que resultaba inaudito. Se decía que podía jugar con un frac puesto. En 1972 consiguió su primera Eurocopa, venciendo en la final a Rusia. En las fases previas, volvió a jugar contra Inglaterra. El partido de Wembley aún sigue vivo en la retina de los grandes aficionados al fútbol. Ganó una selección alemana que abandonaba el mítico Wembley con un público tan entregado como asombrado por el espectáculo que había visto. Después conquistó otra Bundesliga, otra copa de Alemania y su primera Copa de Europa.
1974 es el año de la celebración del Campeonato del Mundo en Alemania. El Brasil post-Pelé se presentó con un nuevo equipo, sin los Gerson, Tostao, Carlos Alberto…, Polonia tenía un equipo que asustaba, Argentina reclamaba un lugar entre los grandes, y Holanda formó un conjunto poderoso y espectacular con Cruyff, Neeskens, Haan, Van Hanegem, los hermanos Van de Kerkof, Krol… la esencia del fútbol total. Los holandeses llegaron a la final, precisamente contra los anfitriones. Holanda empezó marcando, pero Müller y Breitner dieron la vuelta al encuentro y dejaron el título en Alemania. El duelo, sin lugar a dudas, fue Cruyff-Beckenbauer. Beckenbauer jugó con la selección su último partido en 1977, cuando todos los aficionados del mundo esperaban verle en Argentina 78. Antes de esto se proclamó campeón de la Intercontinental y subcampeón de Europa de selecciones, al perder contra Checoslovaquia, en el partido del penalti de Panenka, con ‘paradinha’ incluida. Se marchó al Cosmos de Nueva York, que por aquel entonces pretendía con su amigo Pelé introducir de forma definitiva el fútbol en USA. Cruyff, Best, Carlos Alberto, y muchos otros jugadores del mundo acabaron allí sus carreras deportivas. Ganó tres ligas consecutivas, volvió a Alemania, pero al Hamburgo, y retornó a Nueva York, donde se retiró definitivamente. Pocos jugadores pueden presentar un palmarés como el del Kaiser. En todas las alineaciones del mejor equipo mundial de todos los tiempos aparece él. Nadie como Franz le dio tanta fama al puesto de líbero. Cuando lo habitual era sacar la pelota de un ‘patadón’, él la bajaba, la mimaba y la hacía llegar a los extremos o al área contraria con una facilidad insultante. Su sentido de la colocación era tan extraordinario que daba la impresión de ser un jugador vago, pero es que no le hacía falta correr, lo veía todo antes y se anticipaba, así de fácil.
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