Leyendas: Butragueño

Ramón de Carranza, Querétaro y doce de diciembre de 1984. Son los tres hitos que forjaron la leyenda de Emilio Butragueño, el patrón, en contra de lo que él mismo opinaba, de la Quinta del Buitre, la sociedad que formó junto a Michel, Sanchís, Martín Vázquez y Pardeza y que tuvo la virtud de rescatar al fútbol de las catacumbas del catenaccio y el músculo en el que se estaba sumiendo. Con el Buitre, el fútbol recuperó la categoría de arte.

En el Ramón de Carranza, Alfredo Di Stéfano le hacía debutar en el minuto catorce de la segunda parte. El Madrid perdía 2-0 y Butragueño entraba por Carlos Alonso, ‘el puma’, Santillana. Era el cinco de febrero de 1984. El novato hacía dos goles y daba el pase del tercero. El Madrid ganaba 2-3 y el Buitre empezaba a forjar su leyenda. El segundo hito ocurrió el doce de diciembre de 1984. Ya estaba en el primer equipo por derecho propio y había estado entre los seleccionados por Miguel Muñoz para la Eurocopa de Francia, aunque no llegó a disputar ningún minuto. Esa noche jugaba en el Bernabéu el Madrid y el Anderlecht belga. Los ‘diablos rojos’ habían endosado en Bruselas un 3-0 al Madrid. En la vuelta, Butragueño hizo tres goles, firmó una actuación clamorosa y los blancos le dieron la paliza del siglo a los belgas (6-1). La tercera de las noches de gloria fue en Querétaro, en el Mundial de México. Dinamarca, la ‘dinamita roja’, provocaba el pánico en cuantos rivales se medía. Unos días antes había ganado 6-1 a Uruguay. En la noche de Querétaro, el Buitre lograba cuatro goles y España ‘masacraba’ a Dinamarca con un inapelable 5-1.

A partir de esa noche la leyenda del Buitre ya no tuvo freno. Durante nueve años más vistió la camiseta del Real Madrid, aunque su relación con la Casa Blanca había comenzado mucho antes, concretamente el día después de su nacimiento, cuando su padre le inscribió como socio del Madrid. Eso sí, lo que poca gente sabe es que estuvo a punto de vestir la camiseta del Atlético de Madrid: Butragueño hizo la prueba para entrar en el Madrid, pero no salió muy contento. Unos días después, jugando con los juveniles del Calasancio, hizo ocho goles en un partido y eso hizo que los ojeadores colchoneros se fijasen en él. Iniciaron las gestiones para incorporarlo a la cantera rojiblanca, por lo que tres personas muy relacionadas con la Casa Blanca (Juan Gea, Marsal y Juan Felipe Gallego), que conocían de sus virtudes, movieron todos los hilos para que se le hiciera una segunda prueba. La hizo el quince de agosto de 1981 y tres días después firmaba la ficha con el Real Madrid aficionados. Su debut con la camiseta blanca fue en San Lorenzo de El Escorial, en un partido que muchos califican como el mejor de su vida. Luis Molowny, ‘el mangas’, presente en el campo, quedó prendado. Debutó con el equipo de Tercera ante el Pinto y su puesta de largo con el Castilla el 24 de abril de 1982, en un partido ante el Oviedo que los cachorros madridistas ganaron por 2-1.

En el Castilla se juntó la Quinta del Buitre por primera vez. Asombraron al mundo del fútbol al ganar la liga de Segunda en la temporada 83/84 y si Butragueño perdió el ‘pichichi’ de la categoría ante Julio Salinas, en el Bilbao Athletic, fue porque Di Stéfano le subió al primer equipo. Debutó, por fin, con la selección en un partido ante Galés en el que hizo un gol (jugó 69 partidos y durante mucho tiempo fue el máximo goleador histórico de la historia de la Selección) y con el Madrid disputó 341 partidos de Liga, 39 en Copa del Rey, más de cien amistosos y 75 en competiciones europeas. Sin ser un goleador, que para eso ya estaba Hugo Sánchez, hizo 217 goles.

Con Butragueño sobre el terreno de juego, el fútbol español vivió una conmoción aún no igualada por la aparición de otro jugador nacional. En una competición dominada por el músculo y el esfuerzo físico, Butragueño ‘inventó’ la pausa, la calma, el ‘desborde sosegado’… Sus regates en medio metro cuadrado se convirtieron en objeto de estudio y su forma de leer el fútbol en todo un tratado sólo apto para ‘buitrerólogos’. Visitó la elástica blanca durante 16 años y tras su partido homenaje ante la Roma en un Bernabéu repleto hasta la bandera y rendido ante el mito, jugó tres años más en México, en el Atlético Celaya, un club recién ascendido al que llevó hasta el subcampeonato de la liga azteca. Cuando era preguntado sobre las razones de jugar en México, Butragueño lo tenía claro: “No vestiré en España otra camiseta que no sea la del Real Madrid”.



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