Aldair, el mítico dorsal 6

La Roma retiró el número que lució Aldair durante trece temporadas. Trece años en la capital del mundo antiguo son más que suficientes para que la Roma retirara el número seis en honor al defensa brasileño Aldair. Su calidad para sacar el balón jugado, contundencia en la zaga y su cariño por la afición ‘giallorossa’ cautivaron un país, dividieron una ciudad e hicieron llorar al Estadio Olímpico. A sus 43 años aún sigue en activo, pero el número 6 nunca más será utilizado por la Roma.

Juega en San Marino, aunque su corazón siempre estará en la capital de Italia. Allí defendió los colores de la Roma desde 1990 hasta 2003, cuando decidió poner rumbo a la Serie B para jugar en el Génova. Con el conjunto ‘giallorroso’ formó una línea defensiva de primer nivel mundial con Cafú, Zago y Walter Samuel. Ganaron el ‘scudetto’ en la temporada 2000/01 con Fabio Capello y estuvieron siempre codeándose con la aristocracia italiana: Milán y Juventus. Si Batistuta ponía el gol y Totti ya era la estrella, Aldair se encargó de poner la casta, personalidad y solvencia defensiva de un conjunto que luego acabaría dándole las gracias en un momento mágico.

Retirada con lágrimas. Se le llamó ‘Il giorno de Aldair’ (El día de Aldair). El central brasileño dio la vuelta al Estadio Olímpico de Roma tras un enfrentamiento entre su equipo y la selección brasileña, compuesta por algunos jugadores históricos. Al término del encuentro, el pueblo ‘giallorosso’ se puso en pie para aplaudir a uno de los mejores jugadores de toda su historia, el ‘alma’ del principal enemigo de la Lazio. Un equipo que durante trece años contrató los servicios de un seguro de vida en la defensa. Su importancia fue tal que su ‘maglia’ está enmarcada en las instalaciones de Trigoria, el santuario donde entrena el conjunto de Spalletti. Ahora defiende los colores del Murata, pero su presencia aún se siente en cada partido de la Roma. Y lo hace con el número seis.

Amore al Calcio. Tras jugar una temporada en el Génova (2003/04) Aldair colgó las botas, pero tres años después volvió a los terrenos de juego. Con 40 años fichó por el equipo sanmarinense del Murata, donde aún defiende sus colores. A eso se le llama amor por el fútbol. Con el combinado brasileño jugó desde 1989 hasta el año 2000, ganando el Mundial de 1994.

(Artículo publicado dentro de la sección ‘Dorsales míticos’ en el número 69 de FUTBOLISTA LIFE)



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