Rayo Vallecano 2-2 Cádiz
October 19, 2009 by julio
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El Rayo empató a dos goles frente al Cádiz en el Estadio Teresa Rivero. Ogbeche anotó los dos tantos visitantes, mientras que Rubén Castro y Míchel marcaron para los rayistas. Allí estuvo FUTBOLISTA DIGITAL. Más vídeos en el canal FUTBOLISTA de YouTube.
Logroñés, punto ¿y final?
El Club Deportivo Logroñés atraviesa una delicada situación que podría llevarle a la desaparición. Su caso es un ejemplo que ilustra la situación por la que atraviesan otros clubes de su mismo corte. Se trata de entidades que, sin contar en sus vitrinas con ilustres títulos de Liga o Copa, forman parte de la historia de la máxima categoría pero no supieron administrar sus épocas más gloriosas, ya fuera por generar falsas expectativas con proyectos y presupuestos disparados que no se ajustaban a los ingresos reales; o simplemente por la ausencia de una política deportiva eficaz que les mantuviera a flote. En los tiempos recientes existen casos de clubes que han escalado desde niveles muy modestos hasta consolidarse en la máxima categoría. Villarreal y Getafe son dos ejemplos. Pero también se ha producido en los últimos años el proceso inverso, es decir, el de clubes que gozaban de protagonismo en Primera División y que lo han ido perdiendo a marchas forzadas hasta quedar relegados a pelear por recuperar glorias pasadas desde Segunda B o Tercera División. Es el caso del Real Oviedo, del Cádiz, del Real Burgos y, más dramáticamente, del Club Deportivo Logroñés. Hasta no hace mucho tiempo el Logroñés se situaba en el mismo escalón que el Osasuna, el Racing de Santander o el Getafe; era una entidad que buscaba la permanencia pero sin renunciar a que una buena temporada le situara un poco más arriba. De la noche a la mañana cayó en picado y descendió nada menos que a Tercera. La precaria situación económica que llevaba arrastrando ha desembocado en uno de los capítulos más tristes de su historia: el descenso administrativo a Regional Preferente, sin posibilidades de ascender para los dos próximos años. La decisión ha venido motivada por la incomparecencia, por segunda vez en la presente temporada, del equipo en un partido de Liga. Anteriormente hubo alineaciones surrealistas completadas con juveniles y cadetes, con las que se buscaba evitar lo que ya es una realidad. El Logroñés no jugará más en lo que queda de temporada y a partir de la próxima, si desea hacerlo, deberá comenzar en Preferente. Es el triste fin de una entidad herida de muerte, amenazada con la desaparición, que un día vivió momentos de gloria en Primera, con jugadores como Agustín Abadía, Anton Polster, Julen Lopetegui, Oleg Salenko, Óscar Ruggeri, Quique Setién o Rubén Sosa, y que ha quedado reducida a un cúmulo de deudas. Entre éstas y el descenso el Club Deportivo Logroñés podría desaparecer.
Mágico González, simplemente ‘Mágico’
January 16, 2009 by ismael
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¿No te crees que Mágico González fuera uno de los mejores futbolistas de la Liga en los años 80? Pues dale al play y observa este gol que marcó con el Cádiz.
Leyendas: Kiko
December 1, 2008 by ismael
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Francisco Narváez, ‘Kiko’, es la última leyenda del Vicente Calderón. El ‘arquero del Manzanares’ destapó el tarro de las esencias con la elástica rojiblanca durante ocho largas temporadas. Con él sobre el terreno de juego, el Atlético conquistó el histórico ‘doblete’. Un futbolista espectacular que supo conectar a la perfección con una afición que le idolatró.
Fernando Torres, el referente actual del Atlético, le considera su padre deportivo. Él y toda una generación de seguidores rojiblancos que vieron en él un futbolista diferente, con ‘duende’. El ‘Niño’ celebra alguno de sus tantos imitando el famoso ‘arquero’ que popularizase Kiko después de muchos de sus goles en el Manzanares. Una forma de homenajear al último gran delantero en el imaginario del Calderón. ¿Sus goles? Muchos. Tantos como para hacer al ‘Atleti’ campeón de todo en la temporada 95/96, pero más importante aún fue su ascendiente dentro del equipo y su capacidad para desequilibrar con un juego imprevisible y cargado de requiebros, paradas y acelerones, algo que se recuerda cada fin de semana en un club poco acostumbrado a las grandes alegrías y que tras la marcha de Kiko y la generación que comandó hacia el ‘doblete’ no ha vuelto a levantar cabeza. Diez años después, la gesta rojiblanca sigue inamovible. En el Calderón no hay vida después de aquel histórico año, y la que hay, no gusta. Cualquier tiempo pasado fue mejor. El equipo que lideró Kiko en compañía de un grupo de futbolistas de gran carácter y calidad como Pantic, Caminero o Simeone terminó en Segunda. En el ‘Infierno’ estuvo dos años agrandando de esta manera la leyenda de un club poco dispuesto a transitar por senderos rectos.
Los ojeadores del Atlético ‘detectaron’ a Kiko en Cádiz, en el Ramón de Carranza, la ‘Tacita de Plata’, cuna habitual de genios inconstantes como ‘Mágico’ González, el gran ídolo en la Bahía, el futbolista en el que todos los niños con el escudo del Cádiz grabado en el corazón soñaban reencarnarse. Era un delantero alto y espigado, con clase y técnica que se ganaba un hueco en un Cádiz artista en el que también destacaba Quevedo, otro futbolista que hizo carrera, con peor fortuna, en Madrid. Kiko debutó en Primera el 14 de abril de 1991, en un partido que enfrentó a los gaditanos contra el Athletic. Perdieron 2-3. El Cádiz tenía un equipo discreto, pero los once goles que hizo aquella temporada le valieron para convertirse en un referente de la selección sub-21 que ganó el oro olímpico en Barcelona y, posteriormente, dar el salto al Atlético. Aún se recuerdan en la ‘ciudad de la luz’ algunos partidos memorables que llevaron el sello de Kiko. Uno de ellos, con la permanencia en juego y ante el Zaragoza, pasó a los anales del ‘cadismo’. Desembarcó en Madrid en 1993. Le bastaron apenas tres temporadas para convertirse en pieza clave de un equipo campeón. Técnico, rematador, con olfato de gol y desequilibrante. La delantera rojiblanca había encontrado, por fin, un estilete capaz de convertir en oro todo el caudal ofensivo que manaba de las botas de futbolistas como Pantic. La dupla que formó con Penev no ha podido ser igualada aún por ninguna otra pareja de delanteros a orillas del Manzanares.
El ‘doblete’ fue su cima como futbolista pero su juego siguió creciendo, agrandando a compañeros como Vieri, hasta que una rotura de tobillo se cruzó en su camino. El Atlético jugaba ese día en el Nou Camp y a pesar del triunfo, el Atlético perdió para siempre a su gran ídolo. Volvió para acompañar a su ‘Atleti’ en el infierno de la Segunda pero ya el Kiko artista, el Kiko rebelde, el Kiko con gol y clase formaba parte de la retina de los aficionados y no de la realidad de un equipo sumido en una crisis de proporciones bíblicas. La ‘joya de la Bahía’ salió casi de puntillas del Vicente Calderón para jugar durante unos meses, y por un favor a un amigo (Juanito), en el Extremadura. Fue el canto del cisne de un futbolista singular que prefirió colgar las botas con tan sólo treinta años antes que penar por los terrenos de juego.
Kiko vivió en el Atlético de Madrid las dos caras del fútbol: el éxito más importante de la historia rojiblanca reciente y al mismo tiempo el fracaso más estrepitoso de esa misma historia: el yin y el yang; el día y la noche; el cielo y el infierno. Piedra angular del ‘doblete’, acompañó al equipo en su descenso a Segunda. Una caída libre inexplicable y que llegó tras un año terrorífico (intervención judicial incluida) en el que se descendió con un equipo sobre el terreno de juego donde figuraban futbolistas como Molina, Valerón, Solari, Toni, Capdevila, o Hasselbaink. En Segunda, Kiko y su arco de guerra fueron el reclamo publicitario para intentar mantener elevado el ánimo de una ‘tribu’ incapaz de comprender lo que estaba sucediendo en un club que acababa de ser campeón de todo en España.
Un artista con el balón en los pies. Un futbolista clásico en su forma de entender el fútbol; arte en estado puro. Con esa idea en la cabeza saltaba siempre al rectángulo de juego Francisco Narváez. Bebió de las fuentes ‘mágicas’ del salvadoreño González, lo que le marcó en su forma de concebir el fútbol. No fue un goleador en la máxima expresión de la palabra. Hizo goles, sí, pero siempre prefirió abrir defensas, moverse entre líneas y habilitar a su compañero de delantera. Con él en el once inicial, futbolistas como Penev o Vieri incrementaron en mucho su efectividad.















