Romario, el rey del gol
January 15, 2009 by julio
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Romario es uno de los máximos goleadores de los años noventa. No te pierdas esta recopilación de chicharros. Más videos en el canal FutbolistaDigital .
En blanco y negro: La promesa de Leónidas
December 4, 2008 by admin
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Brasil, la superpotencia del fútbol mundial, es una máquina inagotable de producir figuras. Ronaldinho, Adriano o Kaká son los penúltimos alumnos aventajados de esta escuela infinita de fútbol imaginativo y esplendoroso. Ni los rigores del fútbol contemporáneo, tiranizado por el juego de conjunto, las tácticas ultradefensivas y la sombra de los intereses comerciales, han conseguido arruinar la alegría y la fantasía que han hecho de Brasil el equipo de todo el mundo. Y no fue Pelé, rey de reyes, ni los magníficos que le rodearon en los 60 y 70 los primeros embajadores de la magia canarinha. A comienzos de este año que ya termina murió nonagenario Leónidas da Silva, uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol y primer ídolo brasileño allá por los años 30. En aquel tiempo eran Uruguay y Argentina los países sudamericanos que despuntaban en el concierto internacional. Brasil era un ‘segunda fila’ y Leónidas, goleador atlético, habilidoso y genial, se convirtió en su primer gran héroe, triunfando primero en el Botafogo y en el Flamengo y alcanzando una popularidad sólo comparable a la de los cantantes y artistas que arrastraban masas. La consagración internacional para Leónidas y para Brasil llegó en el Mundial de Francia de 1938. La afición europea quedó deslumbrada con los lances, jugadas y peripecias de aquel equipo brasileño liderado por Leónidas, que hacía un fútbol entretenido, desenfadado, un tanto anárquico pero de profunda y genuina belleza. Así era, por ejemplo, el estilo de Domingos da Guia, el jefe de la zaga brasileña. Nunca antes se había visto a un defensa que jugara con el balón pegado al pie y dominara el pase medido. Tanto es así que se bautizó como Domingada su costumbre de salir del área con calma, casi andando, recortando a rivales sin recurrir al despeje seco, como era lo propio en los defensores de aquella época. La potencia en aquel equipo era patrimonio de José Perácio, un delantero rápido, oportunista y de disparo terrorífico. Planicka, el célebre portero de Checoslovaquia, tuvo la mala fortuna de sufrirlo en sus carnes: paró como pudo un chut atómico de Perácio, pero no logró mantener el equilibro, chocó contra el palo y se rompió la clavícula. Y para el rechace y para cubrir huecos, siempre estaba el omnipresente e infatigable Romeu Pelliciari, un todoterreno regordete tan sacrificado y polivalente como presumido: jugaba con gorritos en la cabeza para tapar su calvicie. Sólo la brutalidad de los italianos pudo frenar ese fútbol de otro planeta en las semifinales. Pero para los memoriales quedó el arte de aquel equipo, que era el de Leónidas, ocupado desde el primer partido del Mundial en dejar claro que su fútbol pertenecía a un mundo nuevo. Fue ante Polonia y bajo una lluvia torrencial. Avanzado el partido el felino atacante, inventor de la Bicicleta entre otras muchas suertes, se quitó los botines cargados de barro para jugar descalzo. El árbitro le obligó a ponérselos de nuevo en cuanto advirtió que volaba por el patatal con los pies al aire. Pero unos minutos después perdió un zapato en medio del área polaca y con el pie desnudo fusiló al asombrado portero Madejski, que recibió tres goles más de aquel delantero imparable. Leónidas fue el máximo anotador de aquel Mundial con ocho tantos y certificó la promesa de la hegemonía que hoy en día ejerce Brasil.
Por Pedro Pérez Hinojos, ‘Petrini’ (noviembre de 2004)
Leyendas: Zico
December 1, 2008 by admin
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Arthur Antunes Coimbra, ‘ArthurZico’, como le apodo su tía, es el último grande del fútbol brasileño que labró su fama jugando casi íntegramente en su país. Zico, el ‘Pelé blanco’, es considerado un dios por la hinchada del Flamengo, club que alcanzó sus cotas más altas con él sobre el terreno de juego.
Flamengo, Brasil y Zico, forman un triángulo mágico, una sociedad que convirtió al ‘Fla’ en el mejor equipo del mundo en los años ochenta; a Zico en un futbolista espectacular, el mejor que ha dado el fútbol canarinho entre la década de los setenta con Pelé como protagonista y el siglo XXI con la aparición Ronaldinho, y a Brasil en el combinado más admirado de los últimos treinta años a pesar de no haber sumado ningún Mundial de los tres en los que el ‘10’ participó: Argentina ’78, España ’82 y México ’86. Zico lideró la maravillosa selección que asombró al mundo en el año 82. Era el ‘jefe’ de los últimos románticos, una extraordinaria generación de la que también formaban parte Sócrates, Toninho Cerezo, Junior o Eder. Pasaron a la historia por el fútbol que fueron capaces de desplegar a pesar de ser eliminados en una aciaga noche en el viejo Sarría ante la Italia de Paolo Rossi, a la postre campeona. Sin embargo, el ‘boss’ era Zico, un futbolista hecho a sí mismo, que trabajó lo indecible para mejorar un físico que le alejaba del fútbol profesional y que logró, con el balón en los pies, alcanzar cotas que, hasta la irrupción de Ronaldinho Gaucho, ningún otro futbolista brasileño llegó siquiera a rozar.
Nacido el 3 de marzo de 1953 en Río de Janeiro, cuando entró a formar parte de la disciplina del Flamengo apenas pesaba 37 kilogramos distribuidos en un cuerpo de 1,55 metros. Ni para el liviano fútbol brasileño valía. A base de trabajo logró mejorar sus parámetros corporales y debutar con el primer equipo. Era el año 1973 y poca gente imaginaba lo que aquel chaval menudo significaría. La huella que dejó en Maracana es profunda y aún perceptible. Con los rojinegros jugó 16 temporadas divididas en dos etapas e hizo la friolera de 568 goles en 765 partidos. Desde el reinado de Pelé en el Santos, ningún futbolista estrella brasileña ha tenido tanta influencia en un club del campeonato doméstico. En la primera de sus etapas, que se prolongó hasta el año 83, fue el vértice sobre el que se edificó un gran Flamengo, un equipo que conquistó la Libertadores y derrotó al Liverpool en la final de la Intercontinental en el año 81, una temporada memorable. Zico fue el ‘gran culpable’ de esa edad de oro. Exquisito con el balón en los pies, rápido, con visión de juego y con un disparo de golpe franco mortal, se echó al equipo a sus espaldas. Era poco menos que imparable.
Para entonces, ya llevaba ocho años sentando cátedra: en el 76, incluso, firmó una hazaña memorable, hacer 56 goles en una sola temporada. Su segunda etapa en el club de su vida llegó tras su paso por el Udinese italiano, donde dejó huella de su calidad al ser el segundo máximo goleador del campeonato jugando en un equipo tan modesto como el club de Friuli. Fueron cuatro años en los que fue el vértice y la referencia de un nuevo Flamengo, un equipo en el que empezaban a despuntar futbolistas como Bebeto, Leonardo, Zinho y Aldair. En el interim se labró una magnífica carrera aunque sin títulos mundiales vistiendo la canarinha. Perdió su oportunidad en el Mundial de España. Tras su segunda etapa en Flamengo emprendió la aventura japonesa. La liga nipona le convirtió en uno de sus símbolos promocionales. Jugó en el Kashimina Antlers y en tres años volvió a hacer lo que mejor sabía: marcar goles (54) y sentar cátedra hasta el punto de que en Japón es una referencia obligada cuando se habla de fútbol: en el pasado Mundial de Alemania dirigió a la selección del Sol Naciente. Esa circunstancia originó la anécdota de ver a Zico celebrando el gol de uno de sus futbolistas en el partido ante… Brasil. Cosas del fútbol.
Zico fue el futbolista brasileño por antonomasia. Técnico, imaginativo, driblador, con gran disparo y desequilibrante. Además, hacia goles con facilidad pasmosa y tenía madera de líder. También era un gran pasador y un futbolista con cerebro y alma de entrenador sobre el terreno de juego.
Misterios del fútbol. Nadie llega a explicar con claridad las razones por las que el Brasil del año 82 no ganó la Copa del Mundo. Era, posiblemente, la mejor selección que ha competido en un Mundial desde que lo hiciera la propia Brasil que asombró al planeta en el campeonato de 1970 en México, con Pelé, Rivellino o Carlos Alberto como mejores exponentes. Aquel equipo del 82 dirigido por el recientemente fallecido Tele Santana practicaba un fútbol de otro planeta: al ataque, sin rigor defensivo, con espectacularidad. Era un conjunto para arrollar jugando al fútbol y Zico era el mesías de aquella pléyade de estrellas. Sin embargo, en su camino se cruzó Paolo Rossi, el ‘bambino de oro’ y la ‘maldición de Sarría’. Aquel día murió el romanticismo en el fútbol y Brasil cambió para siempre. Nada volvió a ser igual en el país del fútbol.
La gran fama de Zico le ha permitido desarrollar una larga y fructífera carrera fuera de los terrenos de juego. Como entrenador dirigió recientemente al combinado japonés en el Mundial de Alemania y fue coordinador técnico de la selección brasileña en el Mundial del 98, en el que se proclamó subcampeona. Además, ha hecho carrera política y al igual que Pelé ha desempeñado diferentes cargos políticos relacionados con el deporte durante el gobierno de Fernando Collor de Mello, en la primera parte de la década de los noventa. Ya retirado ha sido uno de los impulsores del fútbol playa hasta el punto de proclamarse tres veces campeón del mundo en una disciplina que cada vez cuenta con más adeptos.













