Leyendas: Futre

February 28, 2009 by ismael  
Filed under Featured, Fútbol leyenda, Galaxia F., PORTADA

Pasó por los tres grandes en Portugal y fue el símbolo del Atlético de Madrid en las décadas de los ochenta y los noventa. Jugó en Italia, Inglaterra y Japón, donde causó furor sin disputar muchos minutos. Es, Paulo Futre, junto a Eusebio y Figo, uno de los mejores futbolistas que ha dado el fútbol portugués.

Nacido en Montijo, en 1966, su primera aparición en la liga portuguesa fue en la temporada 83/84, en las filas del Sporting Club de Portugal, entidad en la que se había formado. Con 17 años ganó notoriedad, pero no fue su mejor año.

Los ‘leones’ del Alvalade le traspasaron al Oporto, donde cimentó su fama y agrandó la leyenda de los ‘dragones’, incluyendo la conquista de la Copa de Europa en 1987, en un partido ganado al Bayern de Munich en el Prater de Viena y que pasó a la historia por el gol de tacón del argelino Madjer que sirvió para tumbar al poderoso club bávaro. Su exhibición en la final fue memorable. En septiembre llegaría a España de la mano de Jesús Gil, que le convirtió en su baza electoral y en su tarjeta de presentación como nuevo presidente del Atlético de Madrid.

Apadrinado por Gil, se conviertió en el ídolo de la hinchada rojiblanca. Estuvo hasta 1992 en el Manzanares y en ese tiempo fue un intocable del vestuario rojiblanco y uno de los futbolistas más temidos de la Liga española. Eso sí, a pesar de su indudable calidad y del ascendiente que tuvo en el Atlético de Madrid, no logró conquistar nunca el título de Liga, el campeonato más deseado por una afición que confió siempre en el efecto ‘Paolo Futre’ para permitirse soñar con las más altas cotas.

Aún en la cima, abandonó el Atlético para convertirse en un trotamundos del mundo fútbol. En el Calderón dejó un áurea celestial que nunca perdió y que le permitió regresar al Manzanares en calidad de director deportivo en la época más negra del club, con el equipo viviendo un ‘añito en el infierno’. Tras su salida, ayudó al Benfica a ganar una Copa de Portugal ante el Boavista, pero el triunfo no acalló las críticas que recibía por su elevado salario y eso, unido a la crisis económica del club de La Luz, provocó su traspaso al fútbol francés, concretamente al Olympique de Marsella. Los franceses habían ganado la Liga de Campeones hacía poco tiempo y Futre rindió a buen nivel, aunque abandonó el club tras estar sólo un año en el Velódromo. Su destino fue el Calcio y un modesto equipo: la Reggiana. En Italia, Futre tuvo que lidiar con las lesiones y rindió a un menor nivel. Sorprendentemente, el Milán le contrató para la temporada 95/96. De nuevo las lesiones le impidieron ser pieza determinante en San Siro, aunque dejó su marca hasta el punto de que los ‘rossoneros’ le contrataron como embajador de la entidad. Tras su salida del Atlético, nunca más volvió a permanecer más de un año en un mismo club.

Tras abandonar Italia, jugó un año en el West Ham y desde allí volvió al Atlético de Madrid, donde fue recibido como un héroe. Ya no era el mismo Futre que había salido del Manzanares unos años antes y al final de la temporada probó fortuna en Japón, la tierra de promisión para los futbolistas veteranos. Jugó en el Yokohama Flugels y se convirtió en una de las grandes referencias de la J-League. De ahí, dio el salto a los despachos y asegura que sueña con “ser presidente algún día del Sporting”, club del que salió con destino al Oporto, con el que alcanzó la fama mundial.

Futre empezó con los ‘leones’, se consagró con los ‘dragones’ y provocó la polémica con las ‘águilas’. Considerado símbolo de los eternos enemigos, firmó un contrato millonario con el club de Lisboa, precisamente en un momento en el que el Benfica atravesaba una gran crisis económica. El Benfica pagó cinco millones de euros y se reservó un sueldo ‘galáctico’. Además, Futre no cumplió con las expectativas y la Copa de Portugal conquistada no acalló las críticas. Su salida hacia el Marsella calmó la situación, pero el Benfica agravó su crisis económica y entre la afición no dejó un gran recuerdo.

La trayectoria de Paolo Futre en la Selección no fue todo lo brillante que cabría esperar. Portugal vivió malos momentos a nivel internacional. Clasificada para el Mundial de México 1986, una vez allí fracasó estrepitosamente por las malas relaciones entre jugadores y directivos de la Federación lusa. El genial delantero, no disputó ninguna gran competición más.

Baresi se confiesa

February 23, 2009 by julio  
Filed under Featured, Internacional, Italia, PORTADA

Franco Baresi lideró la defensa del Milán y la de Italia durante veinte años. Ahora, como miembro de la directiva ‘rossonera’, se confiesa a FUTBOLISTA LIFE. En él cuenta cómo fue rechazado por el Inter y cómo llegó al Milán, donde estuvo toda una vida. “Es el club de mis amores. Uno de los más grandes del mundo”, dice el que para muchos fue el mejor líbero de todos los tiempos. No te pierdas la entrevista completa en el número 71 de FUTBOLISTA LIFE.

Leyendas: Batistuta

December 1, 2008 by ismael  
Filed under Fútbol leyenda, Galaxia F., Italia

Máximo goleador en la liga argentina, máximo goleador en el Calcio, máximo goleador de la historia de la albiceleste, máximo goleador en los Mundiales vistiendo la camiseta argentina, máximo goleador en Qatar… Gabriel Omar Batistuta, ‘Batigol’, el ‘Rey León’ de Florencia siempre ha sido ‘el máximo goleador’  donde ha jugado. Un artillero de otra galaxia.

Una estatua en la Curva Fiésiole, en el estadio Artemio Franchi, la ‘patria chica’ de la Fiorentina, es el homenaje y el mejor resumen posible del valor que los hinchas ‘viola’ otorgan a su ‘Rey León’. Batistuta en Florencia es, simplemente, Dios, el único futbolista al que sus tifosi han erigido una estatua estando aún en activo. El argentino se ganó el rango a pulso. A lo largo de nueve temporadas en la ciudad del Arno, ‘Batigol’, el otro apodo con el que se le conoce, tuvo tiempo para todo: máximo goleador de la historia de la ‘Fiore’; acompañó al club en su ‘bajada a los infiernos’ de la Serie B a pesar de las múltiples ofertas que recibió tras finiquitar la temporada 92/93; sus goles fueron decisivos para lograr el ascenso y sus goles volvieron a ser decisivos para que la entidad conquistara los dos últimos títulos de su historia: la Copa de 1995 y la Supercopa del 96. Logró tantos de todas las marcas y colores, hasta el punto de convertirse en el máximo goleador extranjero de la historia del Calcio. Sólo con la Fiorentina haría casi 300 goles. Su último servicio al club que actualmente preside el empresario zapatero Mauricio DellaValle fue el traspaso a la Roma en el año 2000. Nueve años, dos títulos, un ascenso y casi 300 goles después, la ‘Fiore’ ingresó 35 millones de dólares en una operación que terminó con Batistuta en el Olímpico de Roma, formando un equipo memorable con Totti y Montella, y Fabio Capello en el banquillo. Ganaron el ‘scudetto’. El único que ha engrosado las vitrinas de un equipo no del norte de Italia desde que Maradona obrara el milagro de Nápoles.

A diferencia de a cualquier niño argentino de las últimas cuatro o cinco generaciones, a Gabriel Omar Batistuta no le dejaban ser futbolista. Su padre quería que estudiara, que se formara para hacer una carrera. Eso del fútbol no le convencía en absoluto. Ingresar en el Platense fue una batalla, e ir a Rosario para firmar un contrato profesional con Newell’s Old Boys, casi una hazaña. Quizá por eso, siempre ha mantenido que el fútbol no es lo más importante para él. Ante todo está la familia, y a Batistuta le ha quedado de aquellos años un afán por conocer más allá del deporte rey: piloto de aviones, jugador de golf, viajero, buzo con carné profesional… Vida más allá de la portería contraria, su gran fijación con las botas puestas. Jorge Griffa fue su descubridor. Escaso de técnica, no veía en él a un futbolista de grandes prestaciones, pero el delantero rompió todos los moldes y previsiones: potente, con un grandísimo olfato de gol, competitivo hasta la médula y rematador nato tanto con la pierna derecha como con la izquierda y la cabeza. Mostró unas cualidades mucho mayores de lo que en un principio se le suponían. Su carrera en Argentina se disparó tras pasar por River Plate y recalar en el eterno enemigo: Boca Juniors. Con los ‘xenezies’ conquistó el Torneo Apertura y demostró que era un goleador de ley. Aquel ejercicio le valió el traspaso a Italia, a la Fiorentina. Seguramente, no sospecharía que estaba emprendiendo la aventura de su vida.

Como otros muchos grandes futbolistas (Effenberg, Guardiola, Fernando Hierro, Caniggia, De Boer, Romario, Stoichkov…), Batistuta terminó su carrera deportiva en las ardientes arenas del desierto: en Qatar. Pero a diferencia de otros grandes, su rendimiento en la potente (en dinero) liga qatarí fue espectacular. Su equipo, el Al Arabi, conquistó el título de Liga y él, como siempre, fue el máximo artillero.

La camiseta de la selección (la defendió en 73 ocasiones) ha sido casi como la piel para Batistuta. Es el máximo goleador de la albiceleste (53 goles) y también el mejor artillero que ha tenido Argentina en los mundiales (10 goles), superando a mitos como el ‘matador’ Kempes o futbolistas de la talla de Hernán Crespo, Valdano, Burruchaga… Con el ‘9’ a la espalda conquistó dos Copas América y disputó tres mundiales (Estados Unidos ‘94, Francia ‘98 y Corea y Japón ‘02). De su trayectoria en la selección le quedan tres grandes disgustos: el nefasto papel realizado en el 2002 con Bielsa en el banquillo; el no haber podido acudir a los Juegos Olímpicos de Atenas en los que Argentina conquistó la medalla de oro y el positivo por cocaína de Maradona durante el Mundial del 94, un campeonato que comenzó con un ‘hat trick’ ante Grecia y que terminó como el rosario de la aurora y con Diego expulsado del Mundial.

Sólo dos destinos se le atragantaron –y por poco tiempo- al talento goleador del ‘9’ argentino: River Plate, donde chocó con el carácter autoritario del ‘Kaiser’ Pasarella, el mismo que posteriormente le quiso obligar en la Selección a cortarse el pelo y que en aquella época prácticamente le invitó a huir hasta ‘La Bombonera’ de Boca, donde goleó sin piedad; y el Inter, el club que más carreras de futbolistas ha lastrado. Por suerte para Batistuta, la aventura interista llegó ya al final de su periplo, tras jugar en la Fiorentina y conquistar el ‘scudetto’ con la Roma. En catorce partidos sólo pudo perforar la meta contraria en un par de ocasiones. El maleficio de Meazza se cernió sobre él. Algo que también les sucedió a otros grandes como Seedorf, Roberto Carlos, Ronaldo, Bergkamp… Nada que en el Inter no sepan.

Leyendas: Zico

December 1, 2008 by ismael  
Filed under Fútbol leyenda, Galaxia F., Sudamérica

Arthur Antunes Coimbra, ‘ArthurZico’, como le apodo su tía, es el último grande del fútbol brasileño que labró su fama jugando casi íntegramente en su país. Zico, el ‘Pelé blanco’, es considerado un dios por la hinchada del Flamengo, club que alcanzó sus cotas más altas con él sobre el terreno de juego.

Flamengo, Brasil y Zico, forman un triángulo mágico, una sociedad que convirtió al ‘Fla’ en el mejor equipo del mundo en los años ochenta; a Zico en un futbolista espectacular, el mejor que ha dado el fútbol canarinho entre la década de los setenta con  Pelé como protagonista y el siglo XXI con la aparición Ronaldinho, y a Brasil en el combinado más admirado de los últimos treinta años a pesar de no haber sumado ningún Mundial de los tres en los que el ‘10’ participó: Argentina ‘78, España ‘82 y México ‘86. Zico lideró la maravillosa selección que asombró al mundo en el año 82. Era el ‘jefe’ de los últimos románticos, una extraordinaria generación de la que también formaban parte Sócrates, Toninho Cerezo, Junior o Eder. Pasaron a la historia por el fútbol que fueron capaces de desplegar a pesar de ser eliminados en una aciaga noche en el viejo Sarría ante la Italia de Paolo Rossi, a la postre campeona. Sin embargo, el ‘boss’ era Zico, un futbolista hecho a sí mismo, que trabajó lo indecible para mejorar un físico que le alejaba del fútbol profesional y que logró, con el balón en los pies, alcanzar cotas que, hasta la irrupción de Ronaldinho Gaucho, ningún otro futbolista brasileño llegó siquiera a rozar.

Nacido el 3 de marzo de 1953 en Río de Janeiro, cuando entró a formar parte de la disciplina del Flamengo apenas pesaba 37 kilogramos distribuidos en un cuerpo de 1,55 metros. Ni para el liviano fútbol brasileño valía. A base de trabajo logró mejorar sus parámetros corporales y debutar con el primer equipo. Era el año 1973 y poca gente imaginaba lo que aquel chaval menudo significaría. La huella que dejó en Maracana es profunda y aún perceptible. Con los rojinegros jugó 16 temporadas divididas en dos etapas e hizo la friolera de 568 goles en 765 partidos. Desde el reinado de Pelé en el Santos, ningún futbolista estrella brasileña ha tenido tanta influencia en un club del campeonato doméstico. En la primera de sus etapas, que se prolongó hasta el año 83, fue el vértice sobre el que se edificó un gran Flamengo, un equipo que conquistó la Libertadores y derrotó al Liverpool en la final de la Intercontinental en el año 81, una temporada memorable. Zico fue el ‘gran culpable’ de esa edad de oro. Exquisito con el balón en los pies, rápido, con visión de juego y con un disparo de golpe franco mortal, se echó al equipo a sus espaldas. Era poco menos que imparable.
Para entonces, ya llevaba ocho años sentando cátedra: en el 76, incluso, firmó una hazaña memorable, hacer 56 goles en una sola temporada. Su segunda etapa en el club de su vida llegó tras su paso por el Udinese italiano, donde dejó huella de su calidad al ser el segundo máximo goleador del campeonato jugando en un equipo tan modesto como el club de Friuli. Fueron cuatro años en los que fue el vértice y la referencia de un nuevo Flamengo, un equipo en el que empezaban a despuntar futbolistas como Bebeto, Leonardo, Zinho y Aldair. En el interim se labró una magnífica carrera aunque sin títulos mundiales vistiendo la canarinha. Perdió su oportunidad en el Mundial de España. Tras su segunda etapa en Flamengo emprendió la aventura japonesa. La liga nipona le convirtió en uno de sus símbolos promocionales. Jugó en el Kashimina Antlers y en tres años volvió a hacer lo que mejor sabía: marcar goles (54) y sentar cátedra hasta el punto de que en Japón es una referencia obligada cuando se habla de fútbol: en el pasado Mundial de Alemania dirigió a la selección del Sol Naciente. Esa circunstancia originó la anécdota de ver a Zico celebrando el gol de uno de sus futbolistas en el partido ante… Brasil. Cosas del fútbol.

Zico fue el futbolista brasileño por antonomasia. Técnico, imaginativo, driblador, con gran disparo y desequilibrante. Además, hacia goles con facilidad pasmosa y tenía madera de líder. También era un gran pasador y un futbolista con cerebro y alma de entrenador sobre el terreno de juego.

Misterios del fútbol. Nadie llega a explicar con claridad las razones por las que el Brasil del año 82 no ganó la Copa del Mundo. Era, posiblemente, la mejor selección que ha competido en un Mundial desde que lo hiciera la propia Brasil  que asombró al planeta en el campeonato de 1970 en México, con Pelé, Rivellino o  Carlos Alberto como mejores exponentes. Aquel equipo del 82 dirigido por el recientemente fallecido Tele Santana practicaba un fútbol de otro planeta: al ataque, sin rigor defensivo, con espectacularidad. Era un conjunto para arrollar jugando al fútbol y Zico era el mesías de aquella pléyade de estrellas. Sin embargo, en su camino se cruzó Paolo Rossi, el ‘bambino de oro’ y la ‘maldición de Sarría’. Aquel día murió el romanticismo en el fútbol y Brasil cambió para siempre. Nada volvió a ser igual en el país del fútbol.

La gran fama de Zico le ha permitido desarrollar una larga y fructífera carrera fuera de los terrenos de juego. Como entrenador dirigió recientemente al combinado japonés en el Mundial de Alemania y fue coordinador técnico de la selección brasileña en el Mundial del 98, en el que se proclamó subcampeona. Además, ha hecho carrera política y al igual que Pelé ha desempeñado diferentes cargos políticos relacionados con el deporte durante el gobierno de Fernando Collor de Mello, en la primera parte de la década de los noventa. Ya retirado ha sido uno de los impulsores del fútbol playa hasta el punto de proclamarse tres veces campeón del  mundo en una disciplina que cada vez cuenta con más adeptos.

Leyendas: Mijatovic

December 1, 2008 by ismael  
Filed under Fútbol leyenda, Galaxia F.

Una fecha está señalada con letras de oro en la vida de Pedrag ‘Pedja’ Mijatovic: el 20 de mayo de 1998. Ese día, el delantero montenegrino entró de pleno derecho en el olimpo reservado a los dioses que pueblan el imaginario del Real Madrid.

Un gol suyo en la final de la Copa de Europa disputada ante la Juventus de Turín en el estadio Ámsterdam Arena otorgó al Real Madrid la séptima Copa de Europa, un título esperado durante 32 años y que significó el primer paso hacia la ‘trilogía’ blanca (1998, 2000 y 2002) y la consagración de Mijatovic, un futbolista forjado en la cantera de la antigua Yugoslavia, país que representó en 62 ocasiones y con el que disputó la fase final del Mundial de 1998 y de la Eurocopa de 2000. Competitivo, hábil, técnico, luchador y ambicioso. Así era Mijatovic. Un jugador que creció a velocidad de vértigo, pero que también se apagó con prontitud. Tras su noche gloriosa de Ámsterdam, su nivel descendió rápidamente, perjudicado por su salida del Real Madrid y su fichaje por la Fiorentina, donde a pesar de formar pareja atacante con Gabriel Batistuta, nunca pudo jugar cómodo. En aquellos años, los ‘viola’ vivían un momento de incertidumbre que terminaría con la desaparición del club y su posterior renacer desde los infiernos. Los mejores años de Pedja fueron las tres temporadas jugadas en Valencia y los dos primeros años en el Real Madrid. Fue un lustro mágico, cinco temporadas disputadas a grandísimo nivel que sirvieron, primero, para catapultarle desde el Valencia y firmar por el Madrid y, después, para elevar al club blanco al primer puesto del escalafón mundial.

No obstante, su fama empezó a labrarse vistiendo la camiseta blanquinegra del Partizán de Belgrado, el segundo equipo de la antigua Yugoslavia y enemigo acérrimo del Estrella Roja. Con los capitalinos lideraría una extraordinaria generación de futbolistas. El ‘bautismo’ internacional del delantero llegaría tras una exhibición que el joven delantero ‘brindó’ a la hinchada de la Real Sociedad en una eliminatoria europea que fue su carta de presentación para que los ojeadores del Valencia le tomaran la matrícula. Antes aún, había sido una jovencísima promesa de un equipo con tradición y nula sala de trofeos como es el Buducnost, con el que debutó a los 18 años. En los campos yugoslavos, Mijatovic adquirió el carácter, el desparpajo, la frialdad y la técnica que siempre han sido las señas de identidad de los futbolistas balcánicos.

En España desembarcó como un ciclón. En poco tiempo se convirtió en uno de los jugadores más determinantes de la Liga. En Valencia le idolatraron hasta que firmó por el Madrid y se convirtió en un futbolista odiado hasta decir basta. Desembarcó en Chamartín en una hornada en la que también llegaron Seedorf, Suker  y Roberto Carlos. Con Capello, su míster de entonces y con el que mantuvo multitud de roces, se ha vuelto a reencontrar ahora: Mijatovic es el artífice de su regreso a la ‘casa blanca’ en una situación que, paradojas de la vida, recuerda mucho a aquella que se encontró en el verano del año 96, cuando el equipo amenazaba ruina. Esa temporada, la sociedad que formó con el croata Davor Suker sustentó a un equipo que ganó la liga y puso los cimientos para conquistar la Copa de Europa del año siguiente. Ahí se acaba la historia futbolística de Mijatovic y comienza la leyenda. Ya nunca fue nada igual. El montenegrino pasó al imaginario blanco, al sitio reservado nada más que a los más grandes, y su fama le blindó en un coliseo donde es un mito viviente. Sus peripecias posteriores en Fiorencia y Valencia, donde retornó al equipo menor de la ciudad, el Levante, fueron meros fuegos de artificio ante la grandeza de aquella noche de finales de primavera en el Ámsterdam Arena, ante Peruzzi, en el área pequeña defendida por la zaga ‘bianconera’. Un momento que bien vale una vida.

El fichaje de Mijatovic por el Real Madrid dio lugar a una de las rivalidades más enconadas de las últimas diez temporadas en el fútbol español: la que mantienen el Real Madrid y el Valencia. El club de la capital pagó la cláusula de rescisión del que era el futbolista franquicia del Valencia y máximo ídolo de la afición de Mestalla. Mijatovic no lo dudó y aceptó la oferta para formar parte en el proyecto de resurrección blanca. Aquella decisión convirtió Valencia en un polvorín, cuyas llamas no han dejado aún de repicar. El Madrid que era un club querido allí, se convirtió en el enemigo más odiado.

Producto típico de la escuela balcánica, Mijatovic era un futbolista sin miedo, al que la presión no parecía afectarle cuando se vestía de corto. Goleador, rápido, técnico y con una gran capacidad de lucha. Esas eran las principales características de Mijatovic. También era un buen lanzador de faltas y un líder dentro del terreno de juego que nunca se escondía y peleaba cada uno de los balones que disputaba.

Leyendas: Dino Zoff

December 1, 2008 by ismael  
Filed under Fútbol leyenda, Galaxia F., Internacional, Italia

La portería italiana y la de la Juventus de Turín tuvieron amo y señor durante la década de los setenta y la primera parte de los ochenta: Dino Zoff forma, junto a Lev Yashin, la ‘araña negra’, el ‘divino’ Zamora y Gordon Banks, apodado el ‘banco de Inglaterra’, el póker de leyendas bajo los palos del fútbol mundial.

El mito de Zoff no hubiera existido de no haber mediado su abuela Adelaida, una campesina de la región italiana del Friuli, una de las comarcas fronterizas con más historia y que hasta dos décadas antes de nacer Dino Zoff fue territorio del imperio austrohúngaro. Al joven Zoff se le veían maneras en la portería pero le faltaban centímetros. Por eso no le querían en los equipos más potentes de la comarca. La abuela, que según Zoff, cuando iba a Udine decía siempre que “iba donde los italianos”, desempolvó una vieja receta de los campesinos de la comarca y empezó a dar a su nieto ocho huevos diarios para que creciera. Aquel remedio poco ortodoxo surtió efecto: el renacuajo pegó un salto de más de veinte centímetros y ya con una talla más acorde para un portero (1,82 metros) pasó una prueba en el Udinese. Comenzaba la carrera profesional de quien sería el ángel guardián más invocado por todos los aficionados al fútbol en Italia. Y eso que su debut en el equipo blanquinegro fue penoso: en su primer año sólo disputó cuatro partidos y en el que se calzó los guantes por primera vez recibió cinco tantos ante la Fiorentina. Fue un espejismo. Pronto se reveló que aquel portero del Friuli tenía maneras y… una flor en sálvese la parte: con sólo cuatro intenacionalidades ganó la Eurocopa del 68.

Había debutado ante Bulgaria el 20 de abril de 1968. Un par de años después fue suplente en el Mundial del 70, pero de ahí hasta el final de su carrera ya no abandonó la portería trasalpina. El larguero llevaba impreso su nombre. Y un candado adosado a la línea de gol. Zoff estableció un récord imbatible a nivel de selecciones: estuvo 1.143 minutos sin recibir un tanto. Su imagen levantando la Copa del Mundo en el estadio Santiago Bernabéu es una de las más famosas de la historia del deporte italiano. Incluso se emitió una colección de sellos recordando el momento.

Aquel mundial fue la consagración definitiva de Zoff, su paso al ‘walhalla’ de los elegidos. Italia se presentó en España con un equipo sumido en escándalos y sin posibilidad alguna de vencer ante el empuje de la Argentina de Maradona o el Brasil de Tele Santana. A los dos los venció en unos duelos librados en Sarriá que han pasado a la memoria colectiva de los buenos aficionados al fútbol. El partido ante Brasil fue además fundamental para entender el devenir del fútbol en los últimos veinte años: los italianos demostraron a los brasileños que para ganar no basta con ser los mejores. En Brasil, el descubrimiento supuso una catarsis y la defunción de un modelo. Con Paolo Rossi, el ‘bambino de oro’, haciendo los goles y Zoff blindando la portería, Italia se llevó un campeonato memorable y en el que empezó empatando tres partidos seguidos ante rivales como Camerún o Perú. La final del Bernabéu ante la Alemania de Rummenigge, con miles de enfervorizados italianos en las gradas, aún está en el recuerdo de todos. El grito de Tardelli al hacer uno de los tres tantos que tumbaron a Alemania es una de las imágenes de referencia de la historia de los mundiales. Zoff ganó aquella final con 41 años cumplidos. Es el campeón del mundo más longevo de la historia. Aún tuvo tiempo de jugar un año más y poder retirarse ganando la Copa de Europa. Pero el Hamburgo alemán le arrebató aquel último pedazo de gloria en la final de 1983. ¿Justicia divina para compensar la derrota germana de un año antes?

Si Italia fue su escaparate, la Juve fue el club donde escribió los mejores años de su carrera. Fichó con 30 años, tras haber pasado por Udinese, Mantua y Nápoles pero defendió durante once largas temporadas la portería del viejo Comunale. Su longevidad le permitió ser pieza fundamental de la segunda edad de oro del equipo turinés. Seis ligas, dos copas y una UEFA, más records impresionantes como el de haber defendido la meta ‘bianconera’ durante 330 partidos seguidos le convirtieron en uno de los futbolistas con lugar reservado por derecho propio en el panteón privado de la ‘Vieja Señora’. La ‘Juve’, que pagó al Nápoles 330.000 euros de la época por el traspaso, amortizó de sobra su inversión. Le faltó ganar una de las dos finales de Copa de Europa que disputó con una década de diferencia entre ellas, lo que da una idea del extraordinario nivel sostenido en el tiempo que mantuvo el portero del Friuli.

Tras retirarse, ya convertido en leyenda, Zoff siguió vinculado al fútbol. Fue entrenador de porteros de la ‘Juve’, míster del primer equipo (le dio otra Copa de la UEFA más), entrenador del Lazio y presidente del club en la época que salió a Bolsa, y seleccionador italiano. Con la azurra le faltó un minuto para ganar la Eurocopa del 2000. Un gol de Trezeguet en el descuento le arrebató la gloria bien ganada. Aún así, Zoff sigue en el imaginario colectivo. Su imagen levantando la Copa del Mundo es historia. Historia de Italia e historia del fútbol mundial.

Leyendas: Kiko

December 1, 2008 by ismael  
Filed under España, Fútbol leyenda, Galaxia F.

Francisco Narváez, ‘Kiko’, es la última leyenda del Vicente Calderón. El ‘arquero del Manzanares’ destapó el tarro de las esencias con la elástica rojiblanca durante ocho largas temporadas. Con él sobre el terreno de juego, el Atlético conquistó el histórico ‘doblete’. Un futbolista espectacular que supo conectar a la perfección con una afición que le idolatró.

Fernando Torres, el referente actual del Atlético, le considera su padre deportivo. Él y toda una generación de seguidores rojiblancos que vieron en él un futbolista diferente, con ‘duende’. El ‘Niño’ celebra alguno de sus tantos imitando el famoso ‘arquero’ que popularizase Kiko después de muchos de sus goles en el Manzanares. Una forma de homenajear al último gran delantero en el imaginario del Calderón. ¿Sus goles? Muchos. Tantos como para hacer al ‘Atleti’ campeón de todo en la temporada 95/96, pero más importante aún fue su ascendiente dentro del equipo y su capacidad para desequilibrar con un juego imprevisible y cargado de requiebros, paradas y acelerones, algo que se recuerda cada fin de semana en un club poco acostumbrado a las grandes alegrías y que tras la marcha de Kiko y la generación que comandó hacia el ‘doblete’ no ha vuelto a levantar cabeza. Diez años después, la gesta rojiblanca sigue inamovible. En el Calderón no hay vida después de aquel histórico año, y la que hay, no gusta. Cualquier tiempo pasado fue mejor. El equipo que lideró Kiko en compañía de un grupo de futbolistas de gran carácter y calidad como Pantic, Caminero o Simeone terminó en Segunda. En el ‘Infierno’ estuvo dos años agrandando de esta manera la leyenda de un club poco dispuesto a transitar por senderos rectos.

Los ojeadores del Atlético ‘detectaron’ a Kiko en Cádiz, en el Ramón de Carranza, la ‘Tacita de Plata’, cuna habitual de genios inconstantes como ‘Mágico’ González, el gran ídolo en la Bahía, el futbolista en el que todos los niños con el escudo del Cádiz grabado en el corazón soñaban reencarnarse. Era un delantero alto y espigado, con clase y técnica que se ganaba un hueco en un Cádiz artista en el que también destacaba Quevedo, otro futbolista que hizo carrera, con peor fortuna, en Madrid. Kiko debutó en Primera el 14 de abril de 1991, en un partido que enfrentó a los gaditanos contra el Athletic. Perdieron 2-3. El Cádiz tenía un equipo discreto, pero los once goles que hizo aquella temporada le valieron para convertirse en un referente de la selección sub-21 que ganó el oro olímpico en Barcelona y, posteriormente, dar el salto al Atlético. Aún se recuerdan en la ‘ciudad de la luz’ algunos partidos memorables que llevaron el sello de Kiko. Uno de ellos, con la permanencia en juego y ante el Zaragoza, pasó a los anales del ‘cadismo’. Desembarcó en Madrid en 1993. Le bastaron apenas tres temporadas para convertirse en pieza clave de un equipo campeón. Técnico, rematador, con olfato de gol y desequilibrante. La delantera rojiblanca había encontrado, por fin, un estilete capaz de convertir en oro todo el caudal ofensivo que manaba de las botas de futbolistas como Pantic. La dupla que formó con Penev no ha podido ser igualada aún por ninguna otra pareja de delanteros a orillas del Manzanares.

El ‘doblete’ fue su cima como futbolista pero su juego siguió creciendo, agrandando a compañeros como Vieri, hasta que una rotura de tobillo se cruzó en su camino. El Atlético jugaba ese día en el Nou Camp y a pesar del triunfo, el Atlético perdió para siempre a su gran ídolo. Volvió para acompañar a su ‘Atleti’ en el infierno de la Segunda pero ya el Kiko artista, el Kiko rebelde, el Kiko con gol y clase formaba parte de la retina de los aficionados y no de la realidad de un equipo sumido en una crisis de proporciones bíblicas. La ‘joya de la Bahía’ salió casi de puntillas del Vicente Calderón para jugar durante unos meses, y por un favor a un amigo (Juanito), en el Extremadura. Fue el canto del cisne de un futbolista singular que prefirió colgar las botas con tan sólo treinta años antes que penar por los terrenos de juego.

Kiko vivió en el Atlético de Madrid las dos caras del fútbol: el éxito más importante de la historia rojiblanca reciente y al mismo tiempo el fracaso más estrepitoso de esa misma historia: el yin y el yang; el día y la noche; el cielo y el infierno. Piedra angular del ‘doblete’, acompañó al equipo en su descenso a Segunda. Una caída libre inexplicable y que llegó tras un año terrorífico (intervención judicial incluida) en el que se descendió con un equipo sobre el terreno de juego donde figuraban futbolistas como Molina, Valerón, Solari, Toni, Capdevila, o Hasselbaink. En Segunda, Kiko y su arco de guerra fueron el reclamo publicitario para intentar mantener elevado el ánimo de una ‘tribu’ incapaz de comprender lo que estaba sucediendo en un club que acababa de ser campeón de todo en España.

Un artista con el balón en los pies. Un futbolista clásico en su forma de entender el fútbol; arte en estado puro. Con esa idea en la cabeza saltaba siempre al rectángulo de juego Francisco Narváez. Bebió de las fuentes ‘mágicas’ del salvadoreño González, lo que le marcó en su forma de concebir el fútbol. No fue un goleador en la máxima expresión de la palabra. Hizo goles, sí, pero siempre prefirió abrir defensas, moverse entre líneas y habilitar a su compañero de delantera. Con él en el once inicial, futbolistas como Penev o Vieri incrementaron en mucho su efectividad.

Leyendas: Cantona

Conquistó Inglaterra vistiendo la camiseta roja del Manchester United. Old Trafford era la capital de un imperio que extendió sus alas a lo largo y ancho de buena parte de la década de los noventa. Eric ‘el rojo’, como le apodaron los hinchas del ‘ManU’ cambió la forma de entender el fútbol en el país que lo inventó. Y eso a pesar de su terrible carácter.

El rey francés tenía a su peor enemigo en él mismo. Un artista con alma atormentada y carácter conflictivo que, derrotado en Francia, buscó la fortuna en las Islas. Y la encontró hasta convertirse en el adalid del cambio que experimentó el fútbol inglés. Después de él llegaron Wenger, Patrick Vieira, Gianfranco Zola o Thierry Henry, pero Eric ‘el rojo’ fue el primero en demostrar que había fútbol más allá de las costas de Dover y que este deporte era más complicado que el simple hecho de desplazar el balón de área a área bajo el paraguas protector de un juego supuestamente directo y racial. Cantona bajó la pelota al suelo, encaró, compitió, no se arrugó en los legendarios escenarios ingleses y demostró que fuerza y técnica no están reñidas de forma obligatoria. Además, raza no era, precisamente, lo que le faltaba al galo.

Antes de dar el salto a Inglaterra fue un trotamundos del fútbol. Vistió la camiseta de siete clubes franceses e incluso fue protagonista del traspaso más caro de la historia del fútbol galo cuando el Auxerre le vendió al Marsella en 1990 por la cifra récord en aquellos años de dos millones de dólares. En su país natal, Cantona sacó lo peor de su carácter hasta el punto de pensar seriamente en la retirada. Probar con el Sheffield fue una huida hacia delante. Una forma de escapar de la fama de jugador conflictivo y con mala cabeza que había acumulado en Francia, sobre todo después de que pegara un balonazo a un árbitro vistiendo la camiseta de un Olympique, que harto de su carácter, le suspendió el contrato por tiempo indefinido. Las dudas sobre su profesionalidad aumentaron cuando tras probar unos días con el Sheffield, ‘huyó’ a Leeds. Fue la mejor decisión de su vida. En poco más de cuatro meses convirtió a su nuevo club en campeón de la Premier, tras casi dos décadas de sequía. Una exhibición que sirvió para que Alex Ferguson se fijara en él y decidiera contratarle para formar parte del proyecto que muñía en Old Trafford.

La asociación entre Eric y los ‘diablos rojos’ no pudo ser más fructífera: cuatro Premier Leagues, dos FA Cups, dos dobletes –algo inaudito en Inglaterra- y la resurrección de un Manchester en una continua cuesta abajo desde la triunfal década de los sesenta, cuando de la mano de Bobby Charlton conquistó la Copa de Europa. Ferguson comenzó a labrar su leyenda de la mano de su ‘7’. El francés desplegó su mejor fútbol en el mejor escenario posible. El Manchester fue más ‘de’ Cantona que nunca. Un equipo ganador que fue la base sobre la que se construyó el formidable conjunto que conquistó el ‘trébol’ en el año 99, ya sin Cantona en sus filas. Los hinchas le idolatraban y le convirtieron en la referencia de un equipo que arrasó en Inglaterra. Cantona, además, dedicó prácticamente todos sus esfuerzos a su club. Francia no vivía sus mejores momentos a nivel de Selección. El ‘once del gallo’ estaba en plena transición. La generación de Platini, Tigana, Giresse o Rocheteau se retiró tras haber levantado la Eurocopa del 84 y firmar dos grandísimos mundiales en 1982 y 1986. El relevo generacional dejó a los ‘bleus’ sin los mundiales del 90 y 94, a pesar del gran nivel individual de Cantona. La falta de estímulo deportivo con el combinado nacional permitió al Manchester disfrutar de la mejor versión del delantero, un futbolista excepcional, con grandes cualidades técnicas, competitivo y racial. Un crack que sólo en el ambiente excepcional generado por Old Trafford dio lo máximo de sí mismo.

Dos hechos marcaron la carrera deportiva de Cantona: el balonazo que propinó a un árbitro en Marsella y que le costó prácticamente la salida del fútbol galo y la tremenda ‘patada voladora’ con la que agredió a Matt Simmons, hincha del QPR londinense. El vuelo ‘a lo Bruce Lee’ dio la vuelta al mundo y le costó una sanción ejemplar de 10.000 libras y dos semanas de cárcel que cambió por 120 horas de trabajos sociales por la comunidad. La patada de Selhurst Park fue el momento más crítico de un futbolista que nunca se caracterizó por su ‘fair play’ sobre un terreno de juego.

Paradójicamente el ‘malvado’ Cantona es una de las imágenes de referencia de Nike para su campaña de ‘Joga Bonito’. Eso sí, el francés, fiel a su estilo, aparece en el anuncio ‘tomando’ los estudios de una cadena de televisión. El ‘secuestrador’ galo, eso sí, lo hace con una buena intención: defender el ‘Joga Bonito’ ante la concepción brusca y sin magia alguna del fútbol actual. Cantona siempre genio y figura.

Leyendas: Stoichkov

December 1, 2008 by ismael  
Filed under Fútbol leyenda, Galaxia F., Resto del Mundo

La ‘sangre’ y el carácter en el primer ‘Dream Team’ era cosa de un hombre: el búlgaro Hristo Stoichkov, un futbolista de gran clase pero dotado de un carácter polémico y montaraz. Stoichkov no sería Stoichkov sin ese impulso indómito e imprevisible que complementaba sus excepcionales cualidades técnicas.

Un año entero se paso sin jugar. Y salió bien parado. La Federación Búlgara sancionó a perpetuidad a Stoichkov tras la final de la Copa de 1985 entre su club, el CSKA y el Levski, en la que los jugadores de ambos bandos se enzarzaron en una auténtica ‘batalla campal’. Los incidentes fueron de tal magnitud que la Federación obligó, incluso, a que los dos clubes cambiaran de nombre. Si el castigo a perpetuidad se hubiera finalmente cumplido, el fútbol habría perdido a uno de los grandes futbolistas de todos los tiempos y Bulgaria, sin duda, a su mejor jugador. Fue capaz de comandar una excelente y abigarrada generación de peloteros en el Mundial de Estados Unidos en 1994 y llevarles hasta el cuarto puesto, una posición muy alejada del verdadero nivel futbolístico de un país que ha vivido –‘balompédicamente’ hablando- de las glorias que Stoichkov fue capaz de proporcionarle al frente de una ‘camada’ en la que también estaban futbolistas de la talla de Balakov, Ivanov o Sirakov. De todos ellos se cuenta, que asumían sin rechistar el ascendente del jefe del clan y que éste llegaba, incluso, hasta la hora de hacer las alineaciones durante aquel Mundial. Su importancia con la camiseta de la selección traspasó el localismo al que parecía condenado al representar a un país sin tradición. En el Mundial de su consagración logró el título de máximo artillero, un premio que le sitúa al mismo nivel que mitos como Ronaldo, Gerd ‘torpedo’ Muller, o Just Fontaine. Y siendo el mejor futbolista del CSKA rompió las tablas de goleadores europeos en el año 89 al conseguir la bota de oro (junto A Hugo Sánchez). Nadie marcó más goles que él en el Viejo Contiente en el último año de la década de los ochenta.

La sanción tras aquel infausto día de la final de Copa búlgara no fue su único incidente ni tampoco el más mediático, pero lo cierto es que el Stoichkov estrictamente futbolista no solo catapultó a su país sino que fue pieza indispensable en la maquinaria de relojería que Cruyff creó en el Barcelona de ensueño de principios de los noventa. Él ponía la velocidad, la fuerza, la contundencia, el espíritu y la definición en un equipo que jugaba al ritmo que imponía el guante de seda de Pep Guardiola y el espíritu visionario de Michael Laudrup. Además, fue un gran negocio. Fichado al CSKA por 4,5 millones de dólares, con el Barcelona lo ganó todo durante cinco temporadas antes de ser traspasado al Parma italiano por 900 millones y recuperado al año siguiente por 400. Resultado: el Barcelona ganó dinero con un futbolista que fue pieza vital en la conquista de la Copa de Europa de 1992, las cuatro ligas que labraron la fama del ‘dream team’ e incluso, en su segunda etapa y junto a Ronaldo, la Recopa del año 97. Pero su influencia azulgrana fue mucho más lejos que la mera cuenta de títulos. Se convirtió en el símbolo del barcelonismo, en un futbolista que la grada idolatró y encumbró hasta considerarle el modelo del sentimiento antimadridista. Hasta llegar a ese punto, Hristo no tuvo un camino fácil. En la Bulgaria de los años ochenta no era sencillo romper el telón de acero que aún estrangulaba a la mayoría de los países del Este. Stoichkov, el mejor representante de su fútbol, abrió la puerta tras jugar cinco largos años en el mejor club de su país, el CSKA, regatear la sanción a perpetuidad y perderse el Mundial de 1986 por estar suspendido. Vistió la camiseta azulgrana durante cinco temporadas, las mejores de toda su trayectoria y después comenzó, segunda etapa de culé incluida, su peregrinar por diversos equipos y su cuesta abajo, un descenso que tuvo un especial peso simbólico en su segunda etapa blaugrana: no contaba en exceso para Robson y con Van Gaal nunca se entendió, lo que terminó significando el alejamiento definitivo del entorno azulgrana. Cuando colgó las botas asumió el cargo de seleccionador de su país, una transición lógica si tenemos en cuenta que es considerado poco menos que un Dios en una nación que sólo encontró acomodo dentro del mapa futbolístico mientras Stoichkov tuvo un balón en los pies.

Veloz, directo a puerta, con el gol entre ceja y ceja, con carácter y temperamento y una cualidad que a nadie pasó desapercibida a pesar de que siempre se resaltó más sus otras características: una gran técnica. Así era sobre un terreno de juego Hristo Stoichkov, un futbolista ganador por naturaleza y guerrero dentro del terreno de juego, pero capaz de ‘pinchar’ un obus enviado por Koeman desde cincuenta metros y leer tácticamente el fútbol como nadie.

La fama de jugador duro, arisco, marrullero, con carácter y temperamental que tiene Stoicvkov está más que bien ganada. Nunca fue un futbolista sencillo ni fácil de domar. Ni para sus rivales pero tampoco para sus compañeros. A la sanción de un año que tuvo que soportar en Bulgaria, se le sumó otro castigo ejemplar nada más llegar a España: en un partido de la Supercopa ante el Real Madrid pisó al árbitro Urizar Azpitarte. La agresión le costó medio año de sanción. Sus relaciones con Cruyff nunca fueron boyantes y su marcha del Barcelona se precipitó en su primera etapa por su mala sitonía con el ‘flaco’, y en la segunda por sus enfrentamientos con Van Gaal. Genio y figura.

Leyendas: Kempes

Mario Alberto Kempes, apodado el ‘matador’, ídolo de toda una generación de argentinos a los que enloqueció en el Mundial de 1978, del que fue protagonista absoluto. Capaz de hacer grande a la albiceleste y campeón de casi todo al Valencia de principio de los ochenta y al mismo tiempo jugar y entrenar en países como Indonesia, Albania, Austria, Venezuela, Panama…Un genio y un trotamundos del fútbol.

“Es el gran impulsador del fútbol argentino”. El elogio de Diego Armando Maradona resume el sentir de todo un país hacia ‘el matador’. Maradona, ‘dios’ en Argentina, heredó el diez que Kempes liberó en la selección tras el Mundial del 78, el segundo que disputó y en que le brilló al máximo nivel, siendo su pierna izquierda el martillo imprescindible para convertir en realidad el sueño de toda una nación. Argentina campeona con seis goles de Mario Alberto, dos de ellos en la final ante Holanda. El ‘matador’, máximo goleador del campeonato, y un país enloquecido y rendido a sus pies. No fue casualidad ninguna. Kempes siempre había hecho goles. Muchos goles.

Desde pequeño, su zurda, fuerza y velocidad habían sido armas imposibles de contrarrestar para sus rivales. Con siete años, aclamado por su padre, futbolista amateur, ya goleaba. En Cannes, donde acudió a un torneo juvenil con la selección albiceleste, asombró a propios y extraños. En su segundo partido en la máxima categoría del fútbol argentino, vistiendo la camiseta del Instituto de Córdoba, ya le hizo un gol a River Plate. Había debutado una semana antes, el cinco de octubre de 1973, ante Newell’s Old Boys.  Desde su aparición, se convirtió en un goleador letal. Fue el máximo artillero en todos los equipos en los que jugó. En Rosario Central le idolatran: con 97 goles es el ‘matador’ de todos los tiempos, y en el Valencia alcanzó el ‘pichichi’ de la liga española dos temporadas consecutivas, en las que hizo 52 goles en un campeonato dominado por los sistemas defensivos y las tácticas ultraconservadoras. En el vestuario ché fue el futbolista franquicia, el jugador determinante. No sólo goleó, sino que su aportación fue clave para que el Valencia conquistara, en dos temporadas mágicas, Copa del Rey (2-0 al Real Madrid en una final memorable); Recopa de Europa y Supercopa de Europa, en una final decidida desde el punto de penalti. Después, fue traspasado a River Plate por la astronómica cantidad de 300 millones de pesetas de marzo de 1981. Al Monumental llegó con la vitola de líder, de crack mediático capaz de contrarrestar el papel del emergente Maradona en Boca Juniors, el eterno rival. Y lo consiguió. River levantó el campeonato y Kempes se embolsó el ‘pichichi’. Pero ahí empezó su declive. Los ‘millonarios’ no pudieron afrontar la segunda parte del pago al Valencia y el ‘matador’ retornó a la capital del Turia, donde ya nada fue igual. Su peregrinaje comenzó vistiendo la camiseta del Hércules de Alicante, en el que fue pieza clave con algún que otro gol olímpico para salvar la categoría, pero después comenzó su vida de trotamundos: Austria, Indonesia, Chile…y el fútbol sala, donde sentó cátedra y goleó. Como siempre.

Veloz, zurdo, corpulento y gran rematador. Esas eran las características de Mario Alberto Kempes. A todas ellas unía una cualidad más: era infalible desde el punto de penalti. Solía jugar con las medias caídas y con su larga melena suelta y sus remates desde el vértice izquierdo del área eran mortales de necesidad. El apodo de ‘matador’ no le venía grande. Ni mucho menos.

La carrera de Kempes como entrenador es, cuando menos, extraña. Su trayectoria se ha caracterizado por apostar por equipos sin nombre alguno y en países exóticos. Después del Mundial de Alemania se hará cargo de la selección de Panamá, quizás su destino con más nombre de los últimos años. Comenzó como segundo de Héctor Núñez en el Valencia de principio de los noventa, pero a partir de ahí, su trayectoria ha sido más que curiosa. Entre los equipos que ha dirigido figuran el Pelita Hyatt de Indonesia, el SK Lashonja de Albania, el Mineros de Guayana en Venezuela o The Strongest en Bolivia. También ha entrenado en España, en equipos de Tercera División.

Jugó tres mundiales (74,78 y 82), pero su paso a la fama se debe a su extraordinario papel en Argentina’78, donde lideró una fantástica generación de futbolistas que ha pasado a los libros de historia del fútbol y en la que figuraban mitos como Fillol, Passarella, Tarantini, Ardiles, Bertoni, Houseman o Ardiles. Aún así, la longevidad futbolística de Kempes le permitió coincidir con futbolistas como Maradona, Valdano o Calderón, en el Mundial del 82; o Pastoriza, Perfumo o Hugo Gatti en el del  74, donde Argentina realizó un papel regular.

Next Page »